martes, 6 de noviembre de 2007

TÚ Y YO


Tú y yo, y mí mano merodeando a tu vejiga.
Pero es tu mirada la que reparte la articulación
de mi risa o los invisibles resultados del llanto!
Por eso amor, cuando en la noche constelada grité tu nombre,

brotó el recuerdo de tu dulce voz en la cocina,
hasta oír en el aire un rumor de hojas rotas
o el chasquido de una cálida sustancia que se inflama.
Tú y yo debemos continuar ardiendo en este fuego celeste,

hasta que el último día, consuma nuestro sueño y territorio;
hasta que cuna y sepultura se unan en un solo abrazo;
hasta que el amor se petrifique en los corazones quemados.

Tú y yo combatiendo solos al jengibre entre los labios.
Tú y yo resucitando la feliz brasa azul del sueño,
hasta ser y no ser, sino dos espigas mudas en las sombras

sábado, 13 de octubre de 2007

DORMIDA ERES TAN ÁUREA


DORMIDA eres tan áurea como el ámbar dormido,
y en el temblor de tus pestañas,
veo renacer tus infinitos sueños,
dormida eres irresistiblemente nocturna,
etérea, dorsal, como un archipiélago fundado con espumas.

Dormida vas buscando la luz azul de tu universo,
y al reposar mis dedos sobre tus lánguidos ojos,
siento el pulso de un ancho y caudaloso río,
que me arrastra incesante, hacia la brusca corriente de los besos.

Y mientras te despiertas de tus sueños ya soñados,
mi ciego corazón confirma tu presencia,
a través de la adicciòn crepuscular de tu mirada.

Sueña bienamada, sigue, sigue soñando!
hasta que anclada entre tus brazos y mi sombra,
mi boca corone embriagada, la cima dormida y dulce de tus labios.

MIRA...


Mira los albaranes impagos gritando en la cocina.
Mira la hipoteca hipotecada y vuelta a hipotecar.
Mira la infinita tasa del euribor,
publicada por hombres vestidos de gris,
que de vez en cuando; miran.
Mira los artículos fiscales
de la compilación legislativa,
carcomiendo como las polillas:
trajes, viajes, dentrìficos y zapatos.
Mira la reforma laboral regulativa,
construyendo ruidosos relojes, y dudosos almanaques.
Mira el exceso de las horas extras trabajadas,
diagramando impertérritas, la vejez en mi cara.
Mira adónde se fue nuestro hijo,
porque una mancha de óxido acabó ayer con su cama.
Mira los vidrios rotos y escucha a las arañas
de noche llorar en las cañerías.
Mira como el cartero nos abre un túnel,
por donde viajan los ecos
de diversos mensajes desdichachados.
Mira la hendidura a destiempo,
de los nunca completados alcancías
Mira la letra pequeña, sutil, y confusa;
de todos los contratos firmados
por la urgencia y el miedo.
¡Mira, mira, mira, mira!
Bienamada: ¿Ya has mirado?
Pues bien: esas son las cosas que me alejan de ti.

lunes, 24 de septiembre de 2007

RESUENA TU VOZ


RESUENA tu voz en la noche en que voy.
Gaviotas confundidas y en celo la llaman.
Inexplicable música practicándose en mí.
En los oídos del árbol de mi vida
suelen sonar como una melodía salvaje.
Mujer de ojos tristes. Estás tú tan lejos!
Soledad!
OH soledad!
Me abordas con la fuerza de la ola
socavando las tumbas sumergidas en la arena.
El tiempo tiende sus redes sobre un río misterioso,
que jamás muda de curso;
sólo cambia de orilla, borrando a su paso:
sueños, rostros y agonías.
Corazón triste y pobre como un zapatero
sin clavos ni herramientas ni zapatos,
remendando solamente sus heridas por el amor abiertas.
Entre el mar y yo, aún quedan huellas delgadas en la arena.
Ven mujer en esta noche por el dolor substituida,
y enrédate en mis brazos como una madreselva,
hasta que tu verde agricultura selle con tu boca en la mía,
el ramo perdido de tus besos.
Rondín de mi alegre huerto.
De los espantapájaros que te tejí ilusionado,
no quedan sino harapos.
Y mientras circula la luna montada
sobre un caballo blanco,
devorando las sombras de mis manos que te buscan…
Cuando languidecen y de pronto se rinden.
Mis párpados se pliegan como un telón nocturno.

A MI GATO NEGRO




Recostado sobre un sillón gastado por el uso, en un grave rincón de mi cuarto: yace mi gato negro; mientras su mirada, acecha la pecera que esta cerca de sus narices.

Pero hay un mandato, un pacto secreto que lo obliga solamente a contemplarla; consumado hace milenios, bajo la remota luna de medio oriente, cuando una noche cualquiera, la mano trémula e indecisa de un hombre, se posó sobre el lomo de su ancestro; y aquél, lo consintió agobiado, por un caprichoso designio de Dios.

Fueron casi dioses en el antiguo Egipto (hasta los sepultaban).

Fueron testigos de la laboriosa defensa de Cartago, cuando el fenicio con velas, sangre y espolones, se defendió tenazmente del romano.

Fueron adornos sobre los suaves almohadones que con plumas de sagradas aves, construyó el persa.

Sólo me llamas cuando tienes hambre o me necesitas.

En ese sentido te pareces a todos los gatos o quizás, a algunos hombres?

Pero creo haber descubierto una fisura fugaz en tu genoma. Y como si fueras la prolongación de un dedo de la noche. Te acercas entre la oscuridad de mi pieza y te dejas acariciar por un efímero instante.

Un error involuntario del universo te sometió al acoso tenaz de infinitos y laboriosos sueños.

Es cierto que me buscas sólo cuando me necesitas.

Pero claro. Tú eres en definitiva eso: solamente un gato. En cambio, yo soy humano.

viernes, 17 de agosto de 2007

ANEGADA EN EL PÁLIDO...




Anegada en el pálido eco de tu voz errante,
mi alma danza en remolinos de furia.
Ah vasta red de pájaros allá arriba,
como flechas encendidas se estiran en el aire.
El mar es una alfombra azul de húmedas hojas cuajadas de rocío.
Ah tu risa disparada por el gatillo de tus labios; indiferente,
como la arena o la roca o el agua; al que se hunde.
Como gladiolos blancos semejantes a nubes, viajan mis manos volando.
De mi boca salen preguntas apenas temblando: Qué hay detrás de ti mujer?
En qué hombros encallaban tus brazos antes de que yo te amara?
De dónde vienes? Qué callas?
Cuando tus párpados se cierran suelen ser más tristes las tardes.
Mujer de media arrugada, deshilachada y yerta; corazón de tiza,
y camisa arañada por mis frágiles uñas embarazadas de hambre.
Pero tu pasado llega y forcejea conmigo, haciendo girar en tus ojos su hélice más fría.
Entonces, yo: dibujo rojas rayas en tus pupilas, que albergan tus infinitos ojos nocturnos, y que ondulan c
omo las espigas en los campos del enjambre.
Oh mi voz que trepa por las breves escalas de tu oído.
Yo sólo quiero decirte: Que me quieras, como yo quisiera que tú me quisieses. Como yo tan sólo aspiro a quererte.
Y mientras el viento ahuyenta las frágiles mariposas de las playas.
Mujer; yo te pregunto: De dónde vienes? Qué ocultas tú? Qué ocultas tú? Qué callas?

jueves, 2 de agosto de 2007

MIENTRAS MUERDO TU BOCA DE SANDÍA


Mientras muerdo tu boca de sandía,
el cielo se desgrana en oblicuos rayos de oro.
El viento del hastío me trajo el eco de tu voz dormida,
cubriendo de rocío fresco las ventanas de mi vieja guarida.
Pájaro en calma, de sutil y cautivante vuelo.
De tus inmóviles ojos emigran a veces girantes sueños,
que al reflejarse en los míos como la luna en los geranios,
danzaban su clave de sol en la penumbra del alba.
Nube viajera que pasa.
El mar...el mar, los menesteres de la vida, el cielo.
Lagares preñados con las dulces uvas de un cerro lejano.
Tu ausencia es de quejumbre, de bruma loca..!.
Tiene la melancolía de una casa pobre,
construida con pálidos ladrillos de barro.
A veces, suele ser más triste que un viaje.
En el horizonte detrás de tu mirada,
cuando los vientos fríos del sur la arrastran,
veo desperezarse a las llamas del crepúsculo como a una espuma.
Más allá del crepúsculo, inclinada hacia la tarde,
se inflama y se agita callada mi alma.