Banderillero lº: (Agrio) ¿No ves que es una cárcel?
Federico: (Contrariado) ¡Si!: creo haber escuchado rumores de cadenas, botas y fusiles.
Profesor de escuela: Mis libros. ¿Qué hicieron con mis libros?
Federico: (Mirándole) Tú preguntas por tus libros, yo he dejado tras de mí: obras, mil escritos y poemas...
Banderillero 2º: (Con la cabeza cabizbaja) ¿A quién les importa vuestros libros ahora?
Banderillero lº: ¿Por qué nos trajeron aquí, que delitos cometimos? ¡Eso es lo que cuenta!
Federico: Supongo que por haber escrito demasiados.
Profesor de escuela: Supongo que por haber enseñado muchas cosas que otros las tomaron por prohibidas.
Banderillero lº: (Azorado) ¿Y qué es lo prohibido?
Federico: (Levantando sus brazos al cielo como orando, le contestó): ¡Es un tizón encendido que arde en mi pecho y que luego vomito a través de mis palabras! Verdades, injusticias que me duelen, gritos bañados de sangre que me aplastan la cabeza, y penetran hasta el tuétano en la conciencia de los bárbaros, desnudando sus miserias; frases aromadas de lirios, o naranjos repletos de azahares, que en algunas narices sólo huelen a estiércol!
¡Ay mi Granada, Ay mi Granada, mañana intuyo que tu corazón y el mío, sangrarán juntos al alba!
(Todos duermen. Por la abertura de una pequeña ventana situada en lo alto de la habitación, se asoma la luna. La luna es una mujer delgada vestida con ropas blancas)
Luna: ¡Federico, Federico, traigo para ti una nana! Tú que siempre me alabasteis con excelsas palabras, deja que un rayo de mi mano ilumine tus labios, porque al filo de la noche, serán mitades de un limón perdido y pálido, estucados con frío y escarcha.
(La luna comienza a cantarle)
Duerme, duerme Federico tu último sueño.
Duerme, duerme Federico al compás de mi nana.
¡No sufras cuando de pronto, silben las balas por tu espalda!
Duerme, duerme Federico al compás de mi nana.
Que mañana la luna buena, besará tu hermosa cara.
Y con ramitas de amapolas, camelias y jaras,
rescataré la flor perdida y amarilla de tu cuerpo.
Duerme, duerme Federico, al compás de mi nana.
Que mañana la luna buena, besará tu hermosa cara.
Duerme, duérme Federico al compás de mi nana
Que mañana el olivo y el romero, perfumarán tu alma.
Federico: ¡Ay mi Granada, Ay mi Granada, mañana intuyo que tu corazón y el mío, sangrarán juntos al alba!
Luna:
¡No sufras cuando de pronto, silben las balas por tu espalda!
que mañana la luna buena, besará tu hermosa cara!
(Se escuchan ruidos de botas y llaves, ahogados por los gritos de unos falangistas que les obligan a subir a un camión, llevándolos por el camino que va de Viznar a Alfacar)
Fin del cuadro primero
Acto primero
CUADRO SEGUNDO
(Camino de tierra bordeando un barranco entre Viznar y Alfacar (Granada), es de madrugada)
(Sobrevuela a los cuatro condenados un misterioso cuervo más negro que la noche, más negro que la muerte.Mientras la luna ilumina el camino con una suave luz mortecina)
Luna: (Dirigiéndose a la muerte)
¿Qué haces por este camino, muerte mala?
¿Acaso buscas a alguien? ¿Acaso andas ávida de almas?
Muerte: (Con aire indiferente) uerte:
Andaba discurriendo, sin más.
¡Buscando un torso blanco y desnudo
donde clavar mis dientes, pudiera!
¡Busco penetrar entrañas y sentir
el dulzor de la sangra caliente!
Llevo un yelmo encendido,
traigo arena para los ojos
y abrojos para los labios.
Cintas negras para el cabello
y un puñado plateado de balas,
que al penetrar en las carnes
abren labios rojos en los cueros.
¡Luna buena, luna llena, alumbra ya sus venas!
¡Luna buena, luna llena, alumbra ya sus pechos!
¡Que la noche se acaba y estoy sedienta de muerte!