lunes, 24 de septiembre de 2007

RESUENA TU VOZ


RESUENA tu voz en la noche en que voy.
Gaviotas confundidas y en celo la llaman.
Inexplicable música practicándose en mí.
En los oídos del árbol de mi vida
suelen sonar como una melodía salvaje.
Mujer de ojos tristes. Estás tú tan lejos!
Soledad!
OH soledad!
Me abordas con la fuerza de la ola
socavando las tumbas sumergidas en la arena.
El tiempo tiende sus redes sobre un río misterioso,
que jamás muda de curso;
sólo cambia de orilla, borrando a su paso:
sueños, rostros y agonías.
Corazón triste y pobre como un zapatero
sin clavos ni herramientas ni zapatos,
remendando solamente sus heridas por el amor abiertas.
Entre el mar y yo, aún quedan huellas delgadas en la arena.
Ven mujer en esta noche por el dolor substituida,
y enrédate en mis brazos como una madreselva,
hasta que tu verde agricultura selle con tu boca en la mía,
el ramo perdido de tus besos.
Rondín de mi alegre huerto.
De los espantapájaros que te tejí ilusionado,
no quedan sino harapos.
Y mientras circula la luna montada
sobre un caballo blanco,
devorando las sombras de mis manos que te buscan…
Cuando languidecen y de pronto se rinden.
Mis párpados se pliegan como un telón nocturno.

A MI GATO NEGRO




Recostado sobre un sillón gastado por el uso, en un grave rincón de mi cuarto: yace mi gato negro; mientras su mirada, acecha la pecera que esta cerca de sus narices.

Pero hay un mandato, un pacto secreto que lo obliga solamente a contemplarla; consumado hace milenios, bajo la remota luna de medio oriente, cuando una noche cualquiera, la mano trémula e indecisa de un hombre, se posó sobre el lomo de su ancestro; y aquél, lo consintió agobiado, por un caprichoso designio de Dios.

Fueron casi dioses en el antiguo Egipto (hasta los sepultaban).

Fueron testigos de la laboriosa defensa de Cartago, cuando el fenicio con velas, sangre y espolones, se defendió tenazmente del romano.

Fueron adornos sobre los suaves almohadones que con plumas de sagradas aves, construyó el persa.

Sólo me llamas cuando tienes hambre o me necesitas.

En ese sentido te pareces a todos los gatos o quizás, a algunos hombres?

Pero creo haber descubierto una fisura fugaz en tu genoma. Y como si fueras la prolongación de un dedo de la noche. Te acercas entre la oscuridad de mi pieza y te dejas acariciar por un efímero instante.

Un error involuntario del universo te sometió al acoso tenaz de infinitos y laboriosos sueños.

Es cierto que me buscas sólo cuando me necesitas.

Pero claro. Tú eres en definitiva eso: solamente un gato. En cambio, yo soy humano.